Trastorno Depresivo Mayor

 

Cuando alguien presenta un estado depresivo mayor se puede identificar porque algo no funciona bien. Se identifica un estado de ánimo deprimido, pérdida de interés o placer por las actividades ordinarias durante un periodo mínimo de dos semanas. Existe evidencia para considerar que el Desorden Depresivo Mayor tiene patrones genéticos y familiares.

Esta tristeza forma parte de la vida, pero la incapacidad de obtener placer, e incluso de querer interesarse por lo que se siente, impide la felicidad. Se puede incluso, encontrar sentido al sufrimiento.

El trastorno depresivo mayor es uno de los trastornos psiquiátricos más frecuentes. Su prevalencia en la población general varía entre el 5 y 10% para las mujeres y entre el 2 y 3% para los varones. Estadísticamente, las mujeres tienen un porcentaje mayor de presentar este trastorno, si bien es cierto que hay variables que influyen directamente en estos porcentajes, como son las variables que indican que las mujeres son más propensas a pedir ayuda que los varones.

Los porcentajes de prevalencia, al parecer, no se relacionan con nivel socioeconómico, raza, estado civil o nivel de estudios. Hay otros factores que predisponen a una depresión mayor como la existencia de antecedentes familiares de depresión, alcoholismo; pérdida parental antes de los trece años de edad y la presencia de un grado elevado de estrés psicosocial.

La depresión mayor puede comenzar a cualquier edad, aunque el promedio se sitúa entre los 27 y los 40 años de edad.

Los síntomas son los siguientes:

  • Estado de ánimo depresivo o irritable la mayor parte del día
  • Pérdida o disminución importante del interés y del placer.
  • Cambio significativo del apetito con una pérdida o aumento de peso.
  • Cambio significativo del sueño con insomnio o hipersomnia.
  • Cambio en el nivel de actividad psicomotriz con agitación o enlentecimiento (retardo motor).
  • Dolores de cabeza, dolores musculares.
  • Fatiga o perdida de energía
  • Sentimientos de inutilidad o culpa excesivos o inapropiados.
  • Disminución de la autoestima y de la confianza en sí mismo.
  • Dificultad para concentrarse y tomar decisiones.
  • Visión pesimista del futuro.
  • Frecuentes pensamientos de muerte o suicidio.

 

Es importante tener en cuenta que los síntomas mencionados no responden a efectos directos de un medicamento, del alcohol o drogas, de un estado físico, ni a un proceso de duelo normal. Una situación de estrés puede inducir un episodio de depresión mayor, en las personas propensas a ello, pero en muchas ocasiones, éstos no necesariamente están asociados a un evento externo que o precipite.

La dificultad de mejoría se asocia con: la existencia de un tratamiento inadecuado; presencia de síntomas iniciales severos; edad temprana de aparición; mayor número de episodios previos; presencia de otros desórdenes mentales o dependencia de sustancias psicoactivas; enfermedad crónica severa y disfunción familiar.

La probabilidad de que se vuelve a presentar una depresión mayor en el trascurso de la vida, es alta y el riesgo de presentar nuevos episodios aumenta a medida que éstas se producen, siendo muy variable el patrón de reaparición.

 

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