EN LA MENTE DE UN PEDERASTA

julio 06, 2017 - by Juan Jose Carral - in Niños y adolescentes

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PEDERASTIA Y TIPOS DE PEDERASTIA

Llamamos pederastia a toda conducta en la que un menor es utilizado como objeto sexual por parte de otra persona con la que tiene una relación de desigualdad. Hay quien distingue entre pedofilia (un concepto clínico que indica atracción por los niños) y pederastia, que supone el delito de abusar de ellos.

Es difícil definir un único perfil de pederasta o abusador, pues los abusos a menores de edad se dan en todas las clases sociales, ambientes culturales o razas. Aun así trataremos de definir las características más comunes. El ámbito en el que suelen actuar es el cercano, sus propios hogares. En la mayoría de los casos, entre el 65-85%, se dan dentro del círculo más próximo a la víctima, es decir, que los abusadores suelen ser hermanos, padres, abuelos, amistades cercanas de la familia a la que pertenece el menor etc.  Las víctimas de los abusos son en mayor proporción chicas. Por otro lado aquellos que podríamos considerar pederastas desconocidos por los abusados, normalmente, ejercen actos de exhibicionismo y sus víctimas son chicos y chicas con la misma frecuencia.

Respecto a la edad, llama la atención el hecho de que las tendencias pederastas aparecen prematuramente. Entre el 50 y el 60 por ciento de pederastas comenzaron a abusar de otros cuando ya eran menores de edad. El resto lo hicieron ya en la edad adulta. ‬‬‬

En cuando al género de los pederastas suelen ser en mayor proporción hombres. Hay varias teorías que pueden explicar por qué esto es así. En primer lugar, los hombres tienden a tener un mayor deseo sexual que las mujeres, por lo que es más probable que lo desvíen a estímulos inapropiados. Además, si pensamos en aquellos pederastas que fueron a su vez víctimas de abusos en su infancia se ha demostrado que ante las situaciones de trauma o de impacto, el hombre es más exteroceptivo e intenta trasladar hacia el exterior la agresión, la rabia, la ira que tiene acumulada. En cambio, la mujer tiene más tendencia a dañarse a sí misma y cae en la depresión o en el consumo.

Como ya se ha dicho, no es posible definir un único perfil de pederasta, pero en función del tipo de atracción que sientan por los niños (si es exclusiva o no) se distinguen en dos tipos:

  • Pederasta situacional o incidental: este tipo de abusador sexual no tiene una sexualidad restringida a los menores, teniendo con frecuencia pareja con la que puede establecer relaciones con normalidad.
  • Pederasta preferencial o primarios: muestran una inclinación sexual casi exclusiva por los niños y su conducta compulsiva es independiente de su situación personal. Se trata, clínicamente, de «pedófilos» en un sentido estricto del término. No suelen tener pareja o de tenerla la utilizan como tapadera, y por lo general tienden a dedicarse o localizarse cerca de lugares con acceso a menores. Suelen tener un comportamiento más compulsivo que los situacionales.

¿CUÁLES SON LAS MOTIVACIONES DE UN PEDERASTA?

Traumas propios: Si pensamos en el desarrollo psicológico del sujeto: las personas que han sufrido maltrato, crianza negligente o abusos sexuales en la infancia en ocasiones repiten los mismos patrones. Son patrones de relación aprendidos, es decir formas de relacionarse con el mundo y con los demás que son las únicas conocidas por estas personas, por ello se les hace a veces más difícil que a otros establecer vínculos sanos en los que el abuso o la victimización no está presente. Pese a que no ocurre en todos los casos, una persona que ha sido dominada y abusada en el pasado puede terminar, como forma de cambiar las tornas y evitar que eso vuelva a pasar, poniéndose preferentemente en el rol de dominador.

De los cuatro a los ocho años un adulto obligó a Pablo a hacerle felaciones. ”Lo viví con miedo, con extrañeza, con sorpresa, recuerda. No me gustó, pero como no me gustaban otras cosas. Quizás di por hecho que era así y punto. Luego, cuando yo jugaba con otros niños les enseñaba eso que me habían enseñado. Ahora entiendo que nunca he tenido sexualidad de niño, dice. El adulto que abusó de mí me la robó”

Pablo; Entrerios (Periódico online)”

Características de personalidad: por norma general los pederastas no tienden a presentar comportamientos extraños. Su conducta es típica y habitual en la mayoría de los ámbitos vitales, sin embargo si es posible observar, especialmente en aquellos pederastas de tipo preferencial, la existencia de algunos patrones de personalidad relativamente consistentes: impulsividad, inmadurez, timidez…

En muchas ocasiones se trata de personas que han desarrollado una personalidad débil y una baja autoestima. Se sienten incapaces de desenvolverse en un mundo normalizado y encontrar la satisfacción sexual a través de la conquistas de iguales (personas de su misma edad). Como forma de huir del mundo real terminan realizando las conductas que se relacionan con la pederastia

“Aunque me sentía vulnerable e incapaz en el mundo que me rodeaba, siempre tenía la posibilidad de compensar tales sentimientos poniendo en práctica mis tendencias. En cualquier momento podía sentirme más fuerte y más al mando de mi vida obligando a alguien más vulnerable a que se sometiera a mis deseos.”

Alan; Conversaciones con un pederasta (libro)

Autojustificación: con frecuencia indican que la relación no es dañina para el menor, es aceptada y/o deseada por éste o que existe una vinculación afectiva que legitima el acto, no existiendo remordimiento por el abuso cometido. En ocasiones se justifican afirmando que la vida sexual es un ámbito más de la vida y lo que hacen es nada más que iniciar a los niños en un aprendizaje para la vida.

Los pederastas quieren verse como víctimas para justificar el hecho de que no se ponen límites personales. Esta visión nos permite hacer cualquier cosa sin sensación de culpa o responsabilidad.

“Me veía como una persona que «sin ser culpa suya» se veía privada de una vida «normal». Y mientras me convencía de que la suerte me había dado la espalda, me consideraba autorizado para hacer lo que me viniera en gana. No acataba sus normas, ¿por qué iba a hacerlo? Nunca se me permitió «entrar en el juego». Si quería obligar a algún niño más pequeño a mantener relaciones sexuales, ¿por qué no iba a hacerlo? Al fin y al cabo, yo era la víctima, no él. Este victimismo autoinducido e interesado me permitía hacer lo que deseara sin el menor atisbo de culpa, vergüenza, responsabilidad o remordimiento.”

Alan; Conversaciones con un pederasta (libro)

Obsesividad e impulsividad: en ocasiones se encuentra un componente obsesivo y adictivo tanto en el comportamiento como en la forma en la que la mente de los pederasta piensa y organiza sobre sus propias conductas.

“La mente de un pederasta sólo piensa en estar con menores. Tener relaciones sexuales con ellos, algún tipo de fantasía. [Por la mente de un pederasta] se pueden pasar muchas cosas”.

M. D; EL MUNDO (periódico online)

Falta de empatía En ocasiones existe una considerable falta de empatía, en el sentido que no son capaces de conectar con el sufrimiento que su actuación genera en el menor atacado o eligen voluntariamente ignorar este hecho.

Valores distorsionados: Conforme van entrando en el mundo de la pederastia, las redes de pornografía infantil ect. Su escala de valores se transforma en una muy distinta a la de los demás. Se forjan una barrera moral que va alejándose de la del resto de la sociedad conforme entran en contacto con otras con idénticas inclinaciones. Sin embargo hay ocasiones en las que aun siendo conscientes del daño realizado se ven a sí mismos como incapaces de frenar sus conductas.

“Fueron en total 35 años. Más de media vida, porque ahora tengo 57, cumplo 58 en octubre… Fueron unos años en que luché continuamente contra mí mismo, contra mis impulsos. Como además de profesor de gimnasia, yo también tenía el título de masajista, a veces algún chico se quedaba para que yo le diera un masaje y esa tentación era superior a mí. Peleé mucho contra eso, porque soy consciente de que hacía daño a esos chavales.”

Joaquín Benítez; Sociedad (periódico online)

Aprendizaje sexual atípico los estímulos que nosotros asociamos con la excitación sexual se encuentran sujetos en cierta medida a las leyes del aprendizaje. La adolescencia es clave en el nacimiento de esta psicopatología, es tan sencillo como que si el joven se excita con estímulos atípicos, como imágenes infantiles, puede acabar asociando placer sexual con niños.

“En la adolescencia empecé a sentirme un bicho raro, cuenta. No estaba cómodo bebiendo alcohol, escuchando la música de los de mi edad… así que seguí rodeándome de niños más chicos. El problema no era que me gustasen las niñas; es que nunca dejaron de gustarme. Todos se flipaban por las tetas y a mí me daban igual.””

Pablo; Entrerios (periódico online)”

Si se quiere saber más sobre el papel de la terapia en un caso concreto de un pederasta se puede consultar el siguiente link:

http://www.elentrerios.com/interes-general/el-testimonio-de-dos-pedofilos.htm

 

Irene Alonso Martínez

Psicóloga General Sanitaria y formadora en  Clínica Ciprea.

Especialista en infancia, adolescencia y Terapia de Familia

 

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