CÓMO ENFRENTAR UNA MUDANZA Y CONSERVAR NUESTRA SALUD MENTAL

marzo 26, 2019 - by Juan Jose Carral - in Sin categoría

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En el presente artículo desgranaremos el fenómeno de las mudanzas y sus posibles repercusiones psicológicas para poder dar una orientación que garantice la conservación de un estado emocional, y cognitivo optimo en todo el proceso.

Para empezar, debemos tener en cuenta que una mudanza es mucho más que cambiar la ubicación de las pertenencias del punto A al punto B. Uno mudanza no solo implica un estrés por gestionar todas las cuestiones prácticas circundantes (traslado de pertenencias, muebles, cambio del padrón, modificación del domicilio habitual en bancos, centros de salud y otras instituciones etc..), sino que también despierta emociones como la tristeza, el miedo, la alegría… y en ocasiones son difíciles de gestionar.

Según los estudios las mudanzas son uno de los acontecimientos vitales estresantes que con mayor probabilidad desencadenarán un importante desestabilización emocional y hay factores que contribuyen el riesgo de que esto ocurra:

  • La distancia entre la antigua y la nueva residencia. Resulta más complejo organizativamente hablando si la mudanza se produce entre ciudades distintas o internacionalmente. Desafortunadamente estas últimas han incrementado en los últimos años debido a la crisis económica del país.
  • El número de mudanzas a las espaldas. La experiencia y los aprendizajes son importantes incluso para esto. Hay personas que modifican su residencia habitual de forma muy frecuente, ellos dicen que “hacen las mudanzas como churros”, suelen ser gente desprendida, nómadas que han aprendido a vivir con lo justo. Por el contrario, aquellos que, o bien no se han mudado nunca o se han mudado pocas veces, tienen más probabilidades de haber acumulado a lo largo de los años muchos más objetos de los que ocuparse en el momento del traslado.
  • Si uno se traslada en familia o para separarse de la familia y la etapa del ciclo vital en la que se encuentran las personas que se trasladan. Cuando uno se traslada en familia tiene el reto de enfrentar un duelo familiar. Todas las mudanzas suponen una separación, y por lo tanto también una pérdida. Esta pérdida afecta de forma diferente a cada uno de los miembros y es un arte gestionar la nueva adaptación permitiendo las emociones de cada miembro de la familia (tristeza por lo que se deja atrás, alegría por un nuevo comienzo, rabia por no sentirse partícipe de la decisión…).  Además, si los traslados se producen durante la adolescencia hay mucho mas riesgo de estabilización emocional, pues este es un periodo de formación de la identidad, estabilización del grupo de iguales y implica muchos cambios por si solo.

Por otro lado, cuando uno se muda para independizase de la casa paterna hay un conjunto de emociones que se movilizan con mucha fuerza: ilusión, nostalgia, nervios…

  • Si la mudanza está motivada o asociada a otros cambios: un cambio de trabajo, una ruptura, un cambio de colegio… la adaptación será más compleja y costosa.

Los traslados residenciales se han estudiado ampliamente como fenómeno, algunos de los estudios se centran sobre estos cambios durante edades tempranas, que a menudo implican la pérdida de amistades y vínculos diversos, pueden tener efectos a largo plazo, en concreto, En concreto, un trabajo publicado en el American Journal of Preventive Medicine , “Los Resultados Adversos vinculados al Cambio de Residencia durante la Temprana y Mediana Edad”, ha realizado un seguimiento de casi un millón y medio de personas nacidas en Dinamarca,  desde que cumplieron 15 años hasta los 40.

El efecto adverso con más probabilidad  a largo plazo en el caso de personas expuestas a una única mudanza es el abuso de sustancias (1,32%), seguido del intento de suicidio (1,21%).  En cuan6to a las personas que se han mudado dos veces en su infancia, el abuso de sustancias también es la consecuencia cuya probabilidad aumenta en mayor medida (2,08%), pero en este caso el segundo efecto con más fuerza es el de delitos violentos (1,82%).

Los problemas psiquiátricos cuya probabilidad aumenta más, son los trastornos de la personalidad (2,89%) – como personalidad antisocial o el trastorno límite de la personalidad -, la esquizofrenia (2,45%) o los trastornos de ansiedad y somatomorfos (2,19%), por ese orden.

Cuando las personas se trasladan en la etapa de la adolescencia la probabilidad de acontecimientos negativos aumenta respecto a cuando se trasladan durante su infancia. Por lo tanto, las consecuencias negativas se incrementan en función de dos variables principales: la edad y el número de mudanzas.

Este estudio contempla únicamente las reubicaciones que se producen fuera de la ciudad en la que se reside, pero los autores reconocen que los traslados dentro del propio municipio también podrían suponer un evento estresor suficiente para tener estas mismas consecuencias negativas futuras.

En esta misma  línea, otro estudio sobre los efectos negativos de las mudanzas centrado en el corto plazo, reveló que los niños de familias que suelen mudarse a menudo, sufren un impacto negativo en su desempeño escolar y en sus habilidades para hacer amigos. Los investigadores del Boston College, de la ciudad homónima en Massachusetts, Estados Unidos, descubrieron que hay un gran impacto en los resultados en los exámenes de comprensión de textos y matemáticas de los chicos que se han mudado varias veces.

Los científicos aseguraron que, los efectos negativos de las mudanzas superan a los positivos, y hay una correlación intrínseca entre estos eventos y el desarrollo saludable de las personas durante la infancia.

  • Lo que más sorprendió de este estudio es que los investigadores descubrieron que los niños se ven afectados por más que no tengan que pasar por un cambio de colegio. La disrupción de la rutina es lo suficientemente importante como para impactar en su desempeño en la escuela y en su sociabilidad en el ámbito educacional.
  • Pese a todo lo descrito anteriormente no quiere decir que cada vez que nos mudemos vamos a tener que ingresar después en un psiquiátrico, ya que hay muchas cosas sencillas que podemos hacer para amortiguar el impacto emocional de un traslado tengamos la edad que tengamos:
  • Entender la mudanza como una oportunidad de crecimiento: el cambio de contexto físico puede ayudar a dejar atrás hábitos insalubres o adquirir nuevos hábitos. Los seres humanos somos tremendamente contextuales y si asociamos una conducta a un contexto es muy probable que esa misma conducta se siga repitiendo en ese mismo contexto hasta que se establezca un hábito. Si por ejemplo nos proponemos comer mejor, hacer deporte, ser ordenado, pasar menos tiempo usando la tecnología… Una mudanza puede contribuir a la facilitación de ese cambio, pero nos requerirá esfuerzo, al fin y al cabo, como dice la psicóloga Elizabeth Stirling “no importa cuánto te mudes, te sigues llevando a ti mismo contigo”.
  • La mudanza también es una oportunidad para desprendernos de las cosas que ya no utilizamos. Es duro sentir todo lo que dejamos atrás, por lo que lo ideal no es plantearse tirar las cosas, pues son objetos y pertenencias que han formado parte de la vida, que nos han servido y a los que podemos tener un cierto cariño. El aspecto afectivo es importante en este sentido por lo que se aconseja no tirar cosas, sino despedirse de ellas y agradecer que nos sirvieron durante algún tiempo y pudimos disfrutar de ellas. Se abren aquí tres alternativas: donarlas, venderlas y en el caso de que estén en un estado inservible, reciclarlas.
  • Pedir ayuda amigos y familiares. No debemos reparar en pedir ayuda, hemos de ser humildes, aceptar nuestros propios límites y tomar conciencia de que todo será más fácil si nuestra familia o amigos nos echan una mano. Hay muchas cosas que pueden hacer: ayudarnos a empacar, trasladar, desempacar, ir a comprar muebles, cambiar nuestro padrón, cuidar de nuestros hijos mientras realizamos el traslado, y sobre todo apoyarnos emocionalmente, escuchar y sostenernos en nuestro estrés.
  • En la actualidad existen profesionales verdaderos artistas de las mudanzas. Lo ideal es responsabilizarse de las propias pertenencias y no delegar completamente le trabajo, pues como ya hemos señalado debemos ser consciente de aquello que nos llevamos con nosotros y aquello de lo que elegimos despedirnos, sin embargo, la logística a veces requiere muchos recursos físicos y psicológicos por lo que, si económicamente nos lo podemos permitir, y esto nos aporta paz, es aconsejable invertoir el dinero en ello, el dinero invertido en una empresa de mudanzas es el mejor gastado del mundo.
  • Agradece a tu antiguo entorno lo que en él viviste. Cerrar los ciclos es esencial para despejar el camino y permitir que se abran otras opciones.
  • No hagas las cosas a medias: si te mudas te mudas, trata de mover todas tus pertenencias y no dejar cosas en otras casas con la idea de que ya volverás a por ellas, esto dificulta la aceptación de que verdaderamente has modificado tu lugar de residencia. Evita dejar cajas cerradas de forma permanente. Colócalo todo en su sitio de forma progresiva comenzando por la cocina. La cocina es el lugar donde satisfacemos las necesidades primarias relacionadas con la alimentación y es uno de los lugares que mayor sensación de hogar nos aporta.
  • Abandona el perfeccionismo.Hecho es mejor que perfecto en casi cualquier aspecto de tu vida, pero en asuntos de hogar mucho más.

En conclusión, un proceso de mudanza no tiene por qué ser traumático si es considerado como un procedimiento de innovación y fortalecimiento del individuo y de su autoestima. El objetivo siempre será afrontar de manera serena ese momento y saber que se puede contar con ayuda externa, con consejos y herramientas que garantizarán un trabajo bien hecho.

 

Irene .Alonso Martínez

Psicóloga General Sanitaria en CIPREA

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Juan Jose Carral

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