Consumo de opiáceos/opioides

 

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Aunque pertenecen a la misma familia y sus efectos son similares en el organismo, comenzaremos introduciendo una breve definición sobre cada uno de ellos para logran una mejor comprensión tanto de estas drogas, como de su diseño y difusión:

Los opiáceos son alcaloides presentes en el opio, una sustancia presente en la planta amapola o dormidera. De éstas, se extrae como derivado, la morfina, codeína y tebaína, que se emplean como tratamiento paliativo en multitud de enfermedades que pueden causar un dolor muy intenso. Existen opiáceos semi-sintéticos como la heroína y oxicodona que aunque en su origen fueron utilizados como medicamentos, actualmente se prohibieron por su enorme poder adictivo, en especial la heroína (diacetilmorfina), que al ser la que mayor afinidad tiene por los receptores endorfínicos, es la más potente, pero tiene un perfil de seguridad muy desventajoso y refuerza el abuso. Se sustituyó por la morfina.

No deben confundirse los opiáceos con los opioides, que aunque tienen acción farmacológica similar, son sustancias que actúan parecido a los péptidos endógenos, denominados endorfinas. Al igual que los opiáceos, también alivian el dolor, reduciendo la intensidad de las señales del mismo que llegan al cerebro, ya que afectan las áreas del cerebro responsables del control emocional. Los más comunes son la petidina y la metadona.

Si bien este tipo de narcóticos es de uso legal, su utilización está reservado a pacientes con diversas patologías, teniendo que justificar su utilización mediante receta médica y en ocasiones determinadas.

En los años ochenta, comenzó su uso ilegal, mediante el consumo de heroína, que podía usarse tanto inhalada como ingerida o inyectada. Si bien se frenó su consumo a finales de los años noventa, durante el comienzo de la crisis económica ha vuelto de nuevo a dispararse su consumo.

El consumo de estas sustancias produce los siguientes efectos: una euforia inicial, seguid de una apatía, inhibición psicomotora, alteración de la capacidad el juicio, miosis, lenguaje farfullante, sonmolencia (si la ingesta es masiva, el coma), deterioro de la atención o de la memoria

Al ser la sustancia más adictiva, el síndrome de abstinencia es el más aversivo, consistiendo en náuseas, vómitos, lagrimeo o rinorrea, dolores musculares muy intensos, dilatación pupilar, sudoración y piloerección, diarrea, insomnio y fiebre.

Respecto a su uso prolongado, a nivel fisiológico, produce alteraciones en todas las áreas del organismo. Además, su forma de utilización (a través de la sangre, mediante jeringuillas), predispone a poder transmitir enfermedades como el VIH o hepatítis, lo cual eleva la mortandad por consumo de esta sustancia.

A nivel psicológico o social, se produce alteraciones emocionales, que producen un deterioro social progresivo, produciéndose conductas antisociales, por lo que las personas que abusan de este tipo de drogas, tienen mayor posibilidad de ser marginadas socialmente, lo que dificulta su ayuda.

Respecto al tipo de tratamiento, el más aconsejado es una intervención multidisciplinar en un centro de internamiento.

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